Nahuel González LópezSumar
Diputado
«Por eso debemos hacernos esta pregunta: ¿cuánto sabemos de lo que ocurrió en nuestras propias calles? ¿Cuánto conocemos de los puertos de Galicia, de las minas de Asturias, de los astilleros de Ferrol y Cádiz, de los campos de Andalucía y Extremadura o de los barrios levantados por la migración en Barcelona, Madrid, Bilbao o en mi tierra, en Valencia? ¿Cuánto sabemos de las mujeres que sostuvieron la vida, de quienes trabajaron la tierra, el mar, las fábricas y de quienes organizaron una huelga, defendieron la democracia o tuvieron que marcharse para buscar un futuro? Pero también, ¿cuánto conocemos de nuestras alegrías, de las amistades que nos salvaron, de los primeros amores, de las familias elegidas, de las vidas LGTBIQ+ -que aprendieron a celebrarse después de tantos años de silencio-, de la música, del deseo y de las pequeñas victorias cotidianas? ¿Y cuánto hemos imaginado nuestros propios futuros, nuestras ciudades del mañana, nuestras distopías y las sociedades que todavía no existen? Si hoy conocemos una parte de todas esas historias es gracias a nuestro cine, gracias a quienes han dirigido una cámara hacia aquello que otros consideraban que no era importante y gracias a pequeños productores, directoras, guionistas, intérpretes y equipos técnicos que han hecho auténticos malabarismos para que esas vidas pudieran llegar a una pantalla. Personas que han levantado películas con presupuestos mínimos muchas veces, calendarios imposibles, empleos intermitentes y una incertidumbre permanente con la que queremos acabar con esta ley. Personas que han buscado financiación puerta a puerta, que han comprometido años de su vida en un proyecto que muchas veces han creado sin saber si su película encontraría una sala, una distribuidora o la posibilidad real de llegar al público. Nuestro cine ha contado este país muchas veces contra las propias condiciones del mercado.»
Fragmento 2 de 5 de esta intervención.