Llanos De Luna TobarraPP
Diputada
«Nos encontramos ante un escenario preocupante, que es la degradación progresiva y cada vez menos disimulada del control parlamentario. Empecemos por lo más palpable, por las ausencias. Se ha convertido en algo habitual que miembros del Gobierno no acudan a las sesiones de control. Lo hacen amparándose en ese pretexto ambiguo y recurrente que es el de los motivos de agenda. Pero, claro, teniendo en cuenta las escandalosas noticias que conocemos cada día sobre las cloacas y la presunta organización criminal en el seno del PSOE y del Gobierno, cuando alegan motivos de agenda para no acudir a los Plenos entendemos que deben referirse a las agendas de Leire y de Cerdán. (Aplausos). Están utilizando, además, una argucia, una artimaña que la presidenta del Congreso no debería permitir y es la siguiente. La semana anterior se comunica en tiempo la ausencia de determinados ministros para la sesión plenaria del miércoles de la semana siguiente. Entonces, cuando ya se han registrado las preguntas y las interpelaciones de todos los grupos parlamentarios que han excluido -como es lógico- aquellas materias, asunto de la competencia de esos presuntos ausentes, en ese momento, cuando ya está registrado y cerrado el orden del día, ¡ah!, desaparecen de forma súbita esos compromisos ineludibles que les hacían faltar. Es decir, que, entonces, acuden. Es una auténtica burla lo que están haciendo y un desprecio al Parlamento, pero sobre todo es una muestra de frivolidad en el cumplimiento de las obligaciones del Gobierno. Es una falta de respeto institucional. (Aplausos). Además de la falta de respeto institucional, no solo están evitando a la oposición, están evitando dar explicaciones a los ciudadanos. Pero incluso cuando los ministros acuden, el problema no desaparece, porque entonces sucede algo que cualquier ciudadano que siga las sesiones de control puede observar perfectamente: que el Gobierno no responde a lo que se le pregunta. Se formulan preguntas claras, concretas y directas y se reciben respuestas que no guardan relación con la cuestión planteada. Se cambia el foco, se desvía el debate. En lugar de contestar, se recurre al discurso prefabricado; en lugar de explicar, se utiliza la descalificación; en lugar de aportar datos, se lanza un mensaje político que no tiene nada que ver con la pregunta. Y esto no es una valoración subjetiva, es algo observable, repetido y constante. Da igual lo que se le pregunte porque la respuesta ya está decidida de antemano. Se repite la consigna y el argumentario que les dicta la Moncloa, una consigna que los ministros reproducen casi de forma literal, sin matices, sin adaptación, sin ni siquiera el esfuerzo mínimo por intentar adaptarla a la pregunta que se les plantea. Esto convierte las sesiones de control en un escenario donde no hay diálogo, sino monólogo; donde no hay rendición de cuentas, sino comunicación política; donde el Gobierno, en lugar de comparecer para explicar su gestión, hace preguntas al interpelante, es decir, viene a hacer oposición a la oposición. (Aplausos). Se sustituye la respuesta por el relato, la explicación por el eslogan y el dato por la consigna. Miren, esto no es control parlamentario, es una forma de evitar preguntas incómodas. Es, en definitiva, una manera de esquivar el control parlamentario.»
Fragmento 3 de 5 de esta intervención.