Carlos Flores JuberíasVox
Diputado
«Con la venia, señora presidenta. Señorías, hace apenas dos semanas y con ocasión de la toma en consideración el pasado 11 de junio de otra reforma del Reglamento del Congreso, esta vez para actualizar el régimen de la disciplina parlamentaria, la portavoz de Esquerra Republicana, señora Vallugera, tomó la palabra desde esa tribuna para recordarnos que en el transcurso de esta legislatura llevamos ya dos reformas del Reglamento del Congreso, hay pendientes dos más, y ahora tenemos esta, que será la quinta, y quería señalar que ello denotaba cierto punto de autorreferencialidad, que es lo que la gente corriente llama mirarse el ombligo, y advertir que estábamos corriendo el riesgo de que la ciudadanía no acabara de comprender que los diputados elegidos para solucionar los problemas de todos los españoles -esto no lo dijo la señora Vallugera, lo pongo yo de mi cosecha- pasaran el día entero discutiendo de sus propios problemas. Dejando de lado que en puridad las reformas reglamentarias aprobadas en esta legislatura son ya cuatro, que las que han sido desestimadas o se hallan en tramitación suman ya ocho más, me llama la atención que el portavoz de Esquerra esta tarde no haya querido hacernos partícipes de intuiciones semejantes. Me queda la duda de si ese silencio responde a que no resulta muy inteligente utilizar el martes un argumento que el jueves puede volverse contra ti, porque esta no, pero la otra reforma reglamentaria que debatiremos esta semana la promueve el partido que dice que no tendríamos que estar mirándonos el ombligo, y lo hace en beneficio propio. (Aplausos). O si, en cambio, responde a otra razón, que el señor Rufián -que supongo estará con el gin tonic de por la tarde- haya entendido que la otra reforma reglamentaria que debatiremos esta semana sí, pero esta no adolece de autorreferencialidad. Me explicaré. Los reglamentos parlamentarios son normas bifrontes, dotadas de una dimensión ad intra y de una dimensión ad extra. De una parte, regulan el funcionamiento interno de las Cámaras, cómo se estructuran, cómo debaten, cómo votan, pero, por otra parte, canalizan también sus relaciones con otras instituciones del Estado: cómo eligen a sus titulares, cómo se les controla, cómo se les releva. La mayor parte de las reformas que hemos discutido estas últimas semanas, estos últimos meses, han sido reformas ad intra, pero esta lo es ad extra. No pretende tanto regular el trabajo interno de la Cámara como afinar sus relaciones con otro de los poderes del Estado, el Ejecutivo. ¿Cómo deberían ser esas relaciones? Con la Constitución en la mano y con la mente puesta en lo que los clásicos nos explicaron que era el parlamentarismo, esas relaciones deberían ser de respeto mutuo, de lealtad institucional, de cooperación sincera y de subordinación, naturalmente del Gobierno hacia el Congreso, de cuya confianza nace, con cuya confianza vive y sin cuya confianza debe morir.»
Fragmento 1 de 5 de esta intervención.