29N · generales · dom 29 novfaltan 27 días

Ada Santana AguileraPSOE

Diputada

«Muchas gracias, presidente. Buenas tardes. La pornografía se ha convertido en la escuela de la sexualidad de la generación joven. Quizás podríamos debatir si siempre ha sido así, pero, si hay algo evidente es que nunca ha sido tan accesible como ahora. Ya no es necesario descargar películas y tampoco entrar en páginas específicas; el contenido pornográfico está presente en las plataformas digitales y redes sociales que consumimos diariamente. Incluso existen una serie de códigos que permiten localizar rápidamente este tipo de contenido, clasificándolo por categorías o por nivel de violencia. Otra cosa que ha cambiado es el contenido. Violencia extrema, prácticas humillantes y, sobre todo, un mensaje para nosotras: ellos tienen el poder. Si hay algo que no ha cambiado durante generaciones es la falta de educación afectivosexual en las aulas. Tampoco en las familias, donde este tema se reduce simplemente a hablar de métodos anticonceptivos y embarazos no deseados. Pero ¿a cuántos jóvenes se les habla de consentimiento, de placer o de deseo? (Aplausos). El 53 % de los niños entre 6 y 12 años aseguran que han visto pornografía en Internet sin quererlo y el 70 % de adolescentes entre 13 y 17 años consumen pornografía de manera frecuente. Por supuesto, nueve de cada diez padres desconocen que sus hijos consumen pornografía online. Pero hay todavía más. El 36 % de la juventud comparte con sus parejas su propio contenido sexual. Además, la mitad ha recibido imágenes sexuales sin consentimiento y uno de cada cinco afirma compartir ese contenido sin permiso. Sin embargo, la peor de las consecuencias de una educación sexual basada en el porno es la dificultad de distinguir qué es real y qué es ficción. Por una parte, tenemos la banalización de la violencia sexual. ¿Cómo pretendemos que un joven distinga la violencia sexual cuando se ha formado y educado erotizando la violencia? ¿O cómo vamos a introducir el concepto de consentimiento si la pornografía les enseña que, cuando ella dice que no, realmente quiere decir que sí? Por otra parte, visualizan conductas agresivas y violentas ejercidas en un 94 % a las mujeres. ¿Cómo les hablamos de igualdad mientras normalizan esta violencia a las mujeres? Y aún más complicado, cuando el mensaje que les mandamos a ellas es que les tiene que gustar ser tratadas así.»

Fragmento 1 de 3 de esta intervención.

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