Marta Trenzano RubioPSOE
Diputada
«Muchas gracias, presidenta. Señora Hoyo, la igualdad sí tiene carné. Por eso, el Grupo Socialista impulsó la ley del matrimonio igualitario y el Grupo Popular la votó en contra (aplausos), sacó todas las sotanas a las calles y se manifestó junto a ellas porque iba a romperse la familia. Por eso llevó la ley al Tribunal Constitucional, para que declarase los derechos del colectivo LGTBI ilegales en nuestro país. (Aplausos). Y por eso, aunque vengan a este hemiciclo con discursos disfrazados de modernidad, siguen siendo ustedes los mismos carcas de siempre. (Aplausos). Dicho lo cual, señorías, el filósofo alemán Immanuel Kant sostuvo que la dignidad humana reside en una idea tan sencilla como revolucionaria, que las personas nunca pueden ser tratadas como medios al servicio de los fines de otros, sino siempre como fines en sí mismas. Las llamadas terapias de conversión constituyen precisamente la negación de ese principio, porque parten de una premisa profundamente autoritaria: que existe una determinada forma correcta de ser, de amar y de vivir la propia identidad, y que cuando un ser humano se aparta de esa idea, la sociedad, la familia, la religión o determinadas autoridades morales adquieren el derecho de corregirlo. En realidad, toda la historia de los derechos humanos puede leerse como la impugnación sucesiva de esa idea. La abolición de la esclavitud, el sufragio femenino o la despenalización de la homosexualidad constituyeron la negación de que unas personas pudieran definir el destino de otras. Hoy nos corresponde afirmar algo igualmente esencial, que nadie tiene derecho a exigir a otro ser humano que renuncie a su identidad para considerarlo digno de respeto. (Aplausos).»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.