Diputado
«Ha llegado aquí con su ministro todopoderoso recién condenado a veinticuatro años de prisión; ha llegado aquí con quince causas judiciales sobre sus hombros, dos ya sentenciadas por el Tribunal Supremo; con casi un centenar de imputados, con diecinueve delitos en investigación y casi con 2000 años de cárcel en juego para sus colaboradores y familiares. ¡Y pretende despacharlo como un trámite! Dice: ¿Cómo no vamos a seguir? ¿A seguir delinquiendo se refiere usted, señor Sánchez? (Aplausos.-Rumores). Cómo no vamos a seguir un trámite con un informe de la reunión ordinaria del Consejo Europeo. Pretende que acabemos contemplando su corrupción como una rutina: entre Pasapalabra y los deportes, la rutina de la corrupción sanchista. Pero ya les digo que nosotros nos negamos. En primer lugar, yo me niego a aceptar que la corrupción parezca inevitable, y pongo mi propia experiencia de gobierno como prueba de que la política puede ejercerse de forma honesta (Risas.-Aplausos). Mi listón es no haber metido la mano en la caja nunca, y los miembros de mis gobiernos tampoco. (Rumores.-Risas). Ya sé que se ríe el Gobierno porque a eso les parece a ustedes imposible. (Risas). Además, quiero recordar que esta Cámara fijó un umbral que, digo yo, por coherencia, debería ser respetado. Recordarlo hoy casi suena a cachondeo, pero a este Congreso se le otorgó la confianza al señor Sánchez para garantizar la limpieza institucional -?sí, sí, ustedes le otorgaron la Presidencia al señor Sánchez-, y el que subió a esta tribuna es el señor que está hoy en la cárcel durante los próximos veinticuatro años. (Aplausos). Eso sí, pidieron los votos para un Gobierno limpio, y en dieciocho días -?dieciocho días- los estaban usando para la organización criminal.»
Fragmento 3 de 10 de esta intervención.