Diputado
«Ese mismo año, el señor Sánchez nos decía: 'La corrupción es veneno para la democracia y lo que prueba nuestra voluntad de extirparla es si somos o no firmes en su combate'. Lo más firme que se ha hecho en esta legislatura sobre corrupción ha sido el aplauso ultradecibélico que le han dado todos ustedes al señor Ábalos en pie en esta Cámara. A estas alturas, creo que se puede decir que lo único que han combatido ustedes es a los jueces, a los fiscales, a los policías, a los guardias civiles, a los periodistas y a los políticos que han investigado y que han denunciado su corrupción. Pero eso es ahora, porque en el año 2015 se atrevía a ponerse como modelo de virtudes. 'Yo creo en la política decente', nos decía, 'en la política fundada en la ejemplaridad. Y ser ejemplar no es solo cumplir la ley, sino hacer política desde la moralidad más autoexigente'. Han oído bien, pero lo voy a repetir. El señor Sánchez hablaba de la moralidad más autoexigente. Y decía esto de la moralidad más autoexigente el jefe de Ábalos, el pasajero de Koldo, el yerno de Sabiniano, el esposo de Begoña, el hermano de David, el socio de Arnaldo, el cómplice de Puigdemont, el capo de Leire y el pana de Zapatero. (Aplausos). Ese hombre que llegó al Gobierno en el año 2018 y que sigue ahí sentado nos explicaba lo mala que era la corrupción. 'La corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país. Disuelve la confianza de una sociedad en sus gobernantes y, en consecuencia, debilita los poderes del Estado'. Pues sí, así es. Su corrupción, señor Sánchez, ha sido y es un agente disolvente de esta sociedad. Su corrupción, señor Sánchez, está debilitando los poderes del Estado de derecho. Es decir, los mecanismos que deberían funcionar para que las bandas del crimen organizado, como la suya, no puedan hacerse con el poder como lo han logrado ustedes. (Aplausos). Usted no es que los debilite, directamente los socaba.»
Fragmento 2 de 11 de esta intervención.