Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-RamosPP
Diputada
«Sánchez los cría y el delito los junta. Prometió una democracia regenerada y ha traído una cleptocracia al desnudo. Y encima se carcajea. Por cierto, señor Rufián -dónde esté?-, ¿qué fue de sus líneas rojas? ¡Ah!, eran de goma, elásticas. Es usted el Groucho Marx de la política española: estas son mis líneas rojas; si no le gustan a Sánchez, tengo otras. Y ahora el tercer paso: esta ley. ¿Para qué sirve? Para que los ministros puedan injuriar a los jueces sin que el Estado los ampare; para que sus socios puedan atacar al rey sin que el Estado responda; para que sus amigos puedan homenajear a un terrorista ante los ojos de sus víctimas. Y a esto lo llaman proteger la libertad de expresión. Puro Orwell. Invocan la libertad para desarmar a quienes la aseguran. Y aquí un inciso. En circunstancias normales, con un Gobierno leal a las instituciones y a un suelo moral compartido, este debate podría tener sentido: discutir la frontera entre la ofensa y el delito. Yo lo haría con gusto, pero no es el caso. Aquí hay fuerzas que trabajan para destruir el Estado constitucional. Y lo grave no es que existan; es dónde están. No en los márgenes del sistema, sino en el corazón del poder. España tiene hoy algo insólito en una democracia: un Gobierno contra el Estado. Y un Estado atacado necesita más protección; no menos.»
Fragmento 2 de 8 de esta intervención.