Carlos Flores JuberíasVox
Diputado
«Pero antes de fundir el plástico de la tarjeta, señorías, permítame un recordatorio. ¿Son ustedes conscientes de que las rebajas solamente suceden a final de temporada, cuando el dueño de la tienda concluye que es mejor liquidar hoy a mitad de precio la mercancía que mañana nadie va a quererse llevar ni regalada, ya que carece de sentido almacenar género pasado de moda cuando las pasarelas de Roma, de París o de Londres ya han anunciado qué color se va a llevar más la temporada próxima? Señorías, esta iniciativa de rebajar hasta límites ridículos los requisitos reglamentarios para la formación de grupos parlamentarios es la prueba más evidente de que, diga lo que diga el presidente del Gobierno, la legislatura ha terminado. Porque si las próximas elecciones fueran a celebrarse cuando tocan, que es exactamente dentro de trescientos sesenta y cinco días, ¿qué sentido tendría haber apresurado a julio de este año la adopción de una norma como esta, cuya entrada en vigor no se debería producir hasta agosto o septiembre del año próximo? Sin duda alguna, el señor secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, que fue quien informó a la Mesa del Congreso de que esta era una de las iniciativas en tramitación cuya adopción consideraba urgente y para la que solicitaba la celebración de sesiones extraordinarias de los órganos necesarios de esta Cámara, podrá darnos una explicación al respecto, pero yo ya tengo mi propia hipótesis. Y ya puestos, también nos podría explicar qué le va al Gobierno en este asunto. Y es que la iniciativa que el señor secretario de Estado de Relaciones con las Cortes ha considerado urgente adoptar no es una iniciativa del Gobierno, ni siquiera lo es del partido del Gobierno; es una iniciativa de los partidos que le dan sustento y a los que el Grupo Socialista se ha apresurado a complacer con lealtad auténticamente perruna, revelando con claridad que el PSOE no puede vivir sin sus socios, que es rehén de sus caprichos y que es esclavo de sus urgencias. Por mi parte, solo tengo una duda: ¿es el premio -el regalo de despedida más bien- por tres años de apoyo fiel o es el pago anticipado por el sustento que espera recibir de ellos en la próxima legislatura un partido que se sabe nuevamente perdedor y que fía su última esperanza de aferrarse al poder en una aritmética electoral que prime a sus actuales socios y en una negociación que deje chiquitas las claudicaciones de otoño del año 2023? Si va a ser así, permítanme que les augure un futuro muy, pero que muy negro, tanto como el que les aguarda, de una parte, a los partidos nacionalistas y, de otra, a los ubicados a la izquierda del PSOE, y del que unos y otros al promover esta reforma admiten tácitamente ser conscientes.»
Fragmento 2 de 3 de esta intervención.