Diputado
«Hoy, cinco semanas después, miles de invasores siguen en la ciudad. Cinco mil, decía Sánchez, pero la realidad, como miente permanentemente, es que no sabemos ni cuántos entraron, ni cuántos salieron, ni quiénes quedan ni quiénes son. De nuevo le pregunto: ¿quién nos atacó, señor Sánchez? Tiene usted el deber de decírnoslo. Porque mientras el señor Sánchez recomendaba canciones de verano, con los muertos aún flotando en el agua y con la inseguridad en Ceuta, el periódico de cabecera de Mohamed VI escribía que Ceuta y Melilla son ciudades ocupadas que se reintegrarán en su entorno natural de Marruecos. Diez días después, el ministro de Justicia del comendador de los creyentes reivindicaba en televisión la soberanía sobre las dos ciudades. Y más tarde, el ministro de Asuntos Religiosos, que es el ministerio que financia las mezquitas de Ceuta y Melilla, habló de nuevo contra nuestra soberanía, reivindicando ambas plazas. Por cierto, ambos intervinieron en mitad del asalto y de la invasión de Ceuta, en una deliberada posición pública del Reino de Marruecos. (Aplausos). ¿Qué es lo que hizo Sánchez? ¿Cuál fue su respuesta? Poner controles a los vuelos que vienen de Italia y convocar a la embajada de Italia. Cuando el presidente argentino se refirió a los casos de corrupción de su señora, usted convocó al embajador argentino y retiró al embajador de España. Con Marruecos hemos sabido hoy que convocó en secreto a la embajadora. La convocatoria de un embajador es un hecho esencialmente público y político, no un hecho secreto. Además, en España no necesitan embajador, usted es el embajador de Marruecos en España. (Aplausos). Y si se reunió sería para recibir instrucciones, no para otra cosa.»
Fragmento 4 de 8 de esta intervención.