Ignacio Gil LázaroVox
Diputado
«Cuando se produjo la avalancha masiva de mayo de 2021, usted prometió que se iba a proceder a un refuerzo permanente de efectivos en la frontera, que se iba a alargar el espigón y que se iba a dotar a Ceuta y a Melilla de unos planes especiales de seguridad. Nada se ha hecho: los refuerzos en la frontera fueron temporales, no permanentes, el espigón sigue igual y de los planes especiales de seguridad nunca más se supo. Aún más, cuando usted, a finales de junio, a través de la Abogacía General del Estado, conoció la sentencia del Tribunal Supremo que determinaba ciertas consecuencias en relación con las entradas por mar, usted dijo inmediatamente que iba a colocar una señalización flotante para delimitar exactamente la posición de la frontera española en el mar. Cuando se produjo la invasión, esa delimitación no estaba, y no estaba por su pura desidia, señor ministro, porque apenas costó unas pocas horas instalarla cuando Ceuta ya estaba invadida. Es más, su desidia es mayor, porque usted conocía perfectamente por datos de su ministerio que en el periodo de enero a junio de este año se habían incrementado en Ceuta las entradas a nado en un 120 % en relación con el mismo periodo del año anterior, especialmente en las últimas semanas, y tampoco hizo nada, como no hizo nada en el momento mismo de producirse la invasión. Porque, como máximo responsable de la seguridad interior de España, usted tenía el deber de proponer al Gobierno la adopción inmediata de las medidas excepcionales contenidas en nuestro ordenamiento constitucional, que hubieran permitido devolver de inmediato a todos los invasores, incluidos los menores, y no lo hizo. La renuncia al cumplimiento de ese deber ha supuesto que la invasión se consolidara sobre el territorio, sobre la ciudad de Ceuta (aplausos), que era precisamente el objetivo de los invasores para crear caos, inseguridad y miedo. Y ya el colmo, señor ministro, es que, en ese mismo momento de la invasión, usted tardara doce horas en autorizar la salida de las Fuerzas Armadas a las calles y a la frontera, además en un número mínimo que no llegaba a trescientos y solamente con misión pasiva de mantener un cierto efecto disuasorio por su presencia.»
Fragmento 3 de 6 de esta intervención.