Ricardo Chamorro DelmoVox
Diputado
«Por supuesto, señora ministra, que el clima influye, el calor influye, la sequedad influye, el viento influye..., pero gobernar no consiste en describir la meteorología; gobernar consiste en preparar el territorio para afrontar aquello que ustedes mismos llevan años anunciando como previsible: ese cambio climático del que hablan, esos cambios en el clima, esa meteorología cambiante. ¿Ustedes qué hacen para prevenir eso? Hay un dato, además, que no encaja en su relato. El peor año de la serie histórica por superficie forestal quemada sigue siendo 1985, con aproximadamente 484 000 hectáreas quemadas. Gobernaba, además, en ese momento también el Partido Socialista, no existía el Pacto Verde ni la Agenda 2030 ni un ministerio para la transición ecológica. Se llamaba Ministerio de Medio Ambiente. El monte ya ardía cuando todavía no había un dogma climático con el que explicarlo todo de manera tan simplista por el Partido Popular y por el Partido Socialista. Le queremos preguntar por las competencias del Estado en materia de incendios, que es de lo que hemos venido a hablar aquí: coordinación general, planificación básica, zonificación del riesgo, movilización de medios nacionales, información, investigación y apoyo cuando el fuego desborda la capacidad de un territorio. Hemos visto que el sistema no funciona en general, es decir, la Administración General del Estado, el Gobierno de España y las comunidades autónomas. Hay un sistema aquí que está fallando año tras año. Queremos centrarnos en la dejación del Estado hacia el mundo rural, pues cualquier español que conozca el campo sabe que un monte trabajado, aprovechado y vivido no se comporta como un monte abandonado en caso de incendio. Durante generaciones agricultores, ganaderos, pastores y trabajadores forestales hicieron aquello que hoy llaman gestión del combustible, que es recoger la leña, se aprovechaba la madera, el ganado limpiaba el matorral y se mantenían abiertos los caminos y los cortafuegos. Después, con las políticas de ustedes, ha llegado el abandono: desaparecieron explotaciones, rebaños y oficios y en muchas comarcas queda una continuidad de vegetación convertida en combustible a la espera de cualquier chispa. La chispa puede ser natural, negligente o criminal, pero la magnitud de la catástrofe depende de lo que se encuentre delante y de si el Estado y las Administraciones hicieron aquello que la ley les obliga a hacer.»
Fragmento 2 de 5 de esta intervención.