Esther Gil de Reboleño LastortresSumar
Diputada
«Buenas tardes, señorías. Hoy debatimos el presupuesto de esta Cámara, y un presupuesto puede parecer una sucesión de cifras, partidas y capítulos, pero un presupuesto es mucho más que eso. Un presupuesto dice qué consideramos importante, dice cuáles son nuestras prioridades y dice, sobre todo, cómo tratamos a las personas que hacen posible que esta institución funcione. Por eso hoy quiero dedicar mi intervención a los trabajadores y a las trabajadoras de esta Cámara. No es un saludo protocolario ni una mención de cortesía antes de entrar en materia, porque detrás de cada partida hay condiciones de trabajo, derechos, horarios, recursos y vidas. Y cuando hablamos del presupuesto y del funcionamiento de esta Cámara, no podemos entenderlo sin todas esas personas que nos sostienen cada día y que hacen posible que todos nosotros podamos hacer nuestro trabajo. Quiero acordarme, en primer lugar, de las limpiadoras, de quienes trabajan cuando este edificio todavía está casi a oscuras y lo dejan todo preparado antes de que muchos de nosotros crucemos la puerta. Gracias a Ana, Rosa y Teresa, y gracias a todas las compañeras (aplausos), porque vuestro trabajo muchas veces solo se nota cuando falta, y ya es hora de que también se note cuando está. A los y las ujieres que nos guiais por estos pasillos, nos abrís las puertas y nos acompañáis con una paciencia que casi nunca agradecemos. Gracias a Crispín, Diego, Natalia e Irene, porque, si no fuera por vosotros, yo todavía estaría buscando una sala por estos pasillos como una loca. A quienes interpretáis y traducís, que conseguís que nuestras palabras puedan ser entendidas y que ninguna voz se quede fuera. Somos un Estado plurilingüe y hoy la riqueza de nuestras lenguas está más presente que nunca en nuestro trabajo. Yo voy aprendiendo galego y catalán, pero el euskera lo voy a dejar para la próxima legislatura. A los letrados y letradas, que con vuestro rigor y vuestro conocimiento jurídico sostenéis buena parte de lo que aquí hacemos, aunque casi nunca aparecéis en la foto. Gracias, Ángeles, Mercedes, Fernando, Silvia... Y, hablando de quienes aparecen poco en estas fotos, también quiero acordarme de quien está muchas veces detrás de ellas. Gracias, Verónica, por tu mirada y por acompañarnos cámara en mano en tantos momentos de esta Cámara, porque también construís la memoria de esta institución quienes documentáis lo que ocurre dentro de ella, como el área de comunicación: Charo, Eva, Enrique, Cristóbal... Al servicio de guías, que con tanto cariño mostráis el Congreso a la ciudadanía. A quienes hacéis que la tecnología funcione, gracias por vuestra infinita paciencia, porque cuando he metido cien veces mi contraseña me he dado cuenta de que la te era minúscula. A los equipos de protocolo, que cuidáis hasta el último detalle para que todo pueda ocurrir con orden. A los técnicos de mantenimiento y conservación y al cuerpo de taquígrafos. A las trabajadoras y trabajadores de la cafetería: Carlos, Jorge, Susana, Mamen, Alfonsi o Juani. A los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. A mis queridos conductores: Pepe, Carlos, Luis, Óscar, Víctor, José María. Y a todos los que no he nombrado. Gracias, de verdad, muchas gracias.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.