29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Carlos Hernández QueroVox

Diputado

«Casa47 simboliza como nada la impotencia y la esterilidad de una izquierda que es incapaz de ofrecer realidades materiales dignas a la gente. (Aplausos). Decían que venían a transformar la vida cotidiana de la gente, ¿se acuerdan? Y vaya si lo han hecho, han transformado España en una gran cola, en una cola interminable. Una cola terrible para encontrar vivienda y empezar una vida. Una cola descomunal para el transporte público, sea el metro, el cercanías, el autobús o lo que ustedes quieran. Una cola inimaginable para un empleo de calidad bien remunerado. Una cola para ser atendido, para ser diagnosticado, para ser operado, para ser educado, para recibir una ayuda o una prestación, o para tener una beca de guardería. Una cola para todo, una cola para absolutamente todo. Este es el legado de SUMAR: la España de las colas. (Aplausos). Y al final de la cola, en el último lugar de la cola, el español. El español empobrecido, el español desclasado, el español del montón, que tiene el bolsillo tiritando y que encima tiene que comprobar ahora mismo que ustedes son incapaces incluso de respetar lo más sagrado, y es que en un contexto de recursos limitados y bienes finitos -y ochocientas viviendas son bienes muy finitos- ni siquiera se utiliza la prioridad nacional, ni siquiera se pone delante a los de casa (aplausos), a aquellos que pertenecen a la comunidad, a aquellos que han contribuido. Detrás de todo este bochorno hay españoles de carne y hueso que han sido abandonados, relegados y desplazados. Primos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de estudios y de juegos. Generaciones enteras estafadas, que encima tienen que ver ahora cómo las primeras adjudicaciones pírricas de Casa47 no son para los nuestros, para los que las han pagado, para los que llevan años aguardándolas y para los que las merecen, sino que son para los de fuera. Para eso querían Casa47, para eso se dan tantos golpes en el pecho y para eso nos han hecho escuchar tantas veces tanta superioridad moral, para ochocientas casas que ni siquiera son para los nuestros. ¡Enhorabuena, señorías! (Aplausos).»

Fragmento 2 de 4 de esta intervención.

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