Gerardo Pisarello PradosSumar
Diputado
«Gracias, presidenta. Ceuta nos ha ayudado a ver con claridad cuál es la función central de las derechas radicalizadas en esta Cámara: esparcir veneno contra los más vulnerables, criminalizarlos en nombre de la patria y luego servir de manera obscena a los extranjeros poderosos, comenzando por Donald Trump. Porque ese ha sido su lamentable papel en la crisis de Ceuta: atizar un seudopatriotismo hipócrita, neocolonial, violento, que amenaza con romper lo que fue la modélica convivencia entre las comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú en la ciudad de Ceuta; presentar la llegada de miles de mujeres, niños y jóvenes que huían desesperados de su tierra buscando una vida mejor como la invasión de los ejércitos de Musa y Tariq, a los que hubiera que repeler a balazos. Este falso patriotismo que Abascal entona bajo la ducha cada día y al que Feijóo le baila el agua, ¿adónde nos conduciría llevado hasta sus últimas consecuencias? ¿A una guerra ilegal con cientos de miles de muertos, como aquella en la que nos metió José María Aznar en Irak, con bulos, con mentiras, mientras le lamía las botas a Bush en su rancho de Texas? ¿A los terribles crímenes de El Tarajal, cuando Rajoy consintió que trece personas murieran ahogadas como consecuencia de disparos con balas de goma, salvas detonadoras y botes de humo, y muchas otras fueran devueltas de manera absolutamente ilegal? ¿Eso nos volvería más seguros? ¿Dedicar semanas a señalar y a criminalizar cobardemente a niños, a jóvenes, a mujeres marroquíes que arriesgaron sus vidas buscando una vida mejor, pero sin decir ni una sola palabra sobre Mohamed VI? Hemos oído al joven Figaredo -ese émulo de don Pelayo- llamar a la caza de niños y jóvenes nordafricanos desarrapados, hambrientos, y pedir para ellos un pam, pam, pam. Pero, siendo tanta su hombría con esos niños marroquíes, ¿por qué no se atrevió a pedir perdigones onomatopéyicos para Mohamed VI?»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.