Lander Martínez HierroSumar
Diputado
«Pero, como decía, esta expulsión de los cuidados no solo redunda en quienes lo necesitan, sino también en quienes lo proveen. Por eso, la reforma de las leyes de discapacidad y dependencia incide, en igual modo, en las formas en las que cuidamos y, sobre todo, en cómo están cambiando estas formas. Yo creo que no descubro ninguna novedad cuando digo que las estructuras sociales están cambiando. Es evidente que las familias se rigen por dinámicas diferentes, que las amistades se han vuelto mucho más importantes que nunca y que los afectos ya no se circunscriben -o, al menos, no lo hacen de forma tan rígida- a las conductas aprendidas y tradicionales, y eso también hace que cuidemos de forma diferente. La reforma de las leyes tiene en cuenta esta realidad para ampliar la figura de atención más allá de la familia directa, permitiendo que personas de confianza y convivencia estable, como vecinos o amigos, sean reconocidas oficialmente para prestar y recibir apoyo y accedan, por tanto, a las consiguientes prestaciones. Estas medidas, que ya se han debatido en esta Cámara, nos hacen avanzar como país y nos sitúan a la vanguardia internacional de la construcción de un modelo de cuidados cercano, comunitario y personalizado. Para unos en esta Cámara, que se dicen muy patriotas -aquellos que le cambiarían el país entero a cualquier magnate con tal de ganarse el favor de los poderosos-, esto no debe ser motivo de orgullo. Tampoco debe serlo que las labores de cuidados que tradicionalmente han ejercido las mujeres sean debidamente valoradas y reconocidas, no vaya a ser que tengan que empezar a hacerlas ellos también. Por no hablar de formas de cuidado que no sean su único modelo de familia tradicional de padre, madre e hijos.»
Fragmento 4 de 5 de esta intervención.