Bella Verano DomínguezPP
Diputada
«Llevamos escuchando, desde septiembre del año 2024, al ministro de Interior, el señor Marlaska, y al director general de Tráfico anunciar, reclamar y exigir públicamente esta bajada de la tasa de alcoholemia. Si el Gobierno hubiera querido reducir estas tasas por vía reglamentaria, podría haber aprovechado precisamente la reciente modificación del Reglamento General de Circulación, aprobado por real decreto y presentado hace apenas cinco días por el director general de Tráfico, para incorporar en su artículo 20 la reducción de las tasas de alcoholemia. Sin embargo, no lo ha hecho. Ha preferido otro camino; ha preferido utilizar al Grupo Parlamentario Socialista para volver a registrar una proposición de ley que el propio Gobierno no ha querido asumir como proyecto de ley, aprobarlo en el Consejo de Ministros y remitirlo a las Cortes. (Aplausos). Señorías, acabo de escuchar al señor Arribas, al portavoz del Grupo Socialista, apelar a datos de siniestros viales y a titulares trágicos. Usar el dolor humano de esta manera en la tribuna no cambia la realidad de los datos. Las estadísticas de los accidentes relacionados con el alcohol hay que explicarlas enteras, sin omitir qué tasas llevaban realmente esos conductores. La inmensa mayoría de los trágicos accidentes que sufrimos en nuestras carreteras no los provoca el ciudadano que cumple con la norma, sino aquellos irresponsables que multiplican por dos, por tres o por cuatro el límite legal. Es contra esas auténticas temeridades contra las que debemos actuar con contundencia. Además, conviene poner este debate en su contexto europeo. La tasa general vigente en España es 0,5 gramos por litro de sangre o 0,25 miligramos por aire expirado. Es la misma que tienen Francia, Portugal, Italia o Alemania. Incluso en Inglaterra y Gales es superior, es de 0,8. Por tanto, España parte de unos límites plenamente equiparables a los de los principales países de nuestro entorno europeo. Y, fíjense, quizá debemos preguntarnos también si estamos poniendo el foco exactamente donde debemos, porque quien cumple hoy con la norma, quien conduce responsablemente y se mantiene por debajo de los límites establecidos puede legítimamente preguntarse si es sobre él sobre quien debe recaer prioritariamente una nueva reducción. Tal vez debamos concentrar aún más nuestros esfuerzos en las conductas que entrañan un riesgo especialmente grave, en quien reincide, en quien conduce con tasas muy elevadas de alcohol, en quien mezcla alcohol y drogas o determinados fármacos, en los accidentes provocados por fauna silvestre -que se han duplicado desde que estáis vosotros-, en aquellos colectivos que requieren una protección especial, como los conductores noveles o los conductores profesionales. Porque una política eficaz de seguridad vial no consiste únicamente en reducir un número, consiste en identificar dónde está el mayor riesgo y actuar sobre él.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.