Etna Estrems FayosERC
Diputada
«Nos presentan esta enmienda porque, según ustedes, la ley de violencia vicaria parte de una premisa falsa, que es que solo los hombres son los que utilizan a los hijos para hacer daño a sus parejas. Entiendo que no se ha leído el proyecto de ley, pero no se preocupen, yo se lo explico. Hay una forma de violencia machista que consiste en utilizar a los hijos, hijas, personas queridas o a los animales de compañía para hacer daño a una mujer. Eso es la violencia vicaria, la violencia que se ejerce sobre un tercero para hacer daño a alguien, y eso hace que esta ley reconozca esta evidencia, le dé nombre y obligue a las instituciones a dar respuesta a la peor violencia que se puede ejercer contra una mujer que es madre: la de sus hijos, la que se hace contra sus hijos. Desde 2013, sesenta y ocho niños han sido asesinados por violencia machista contra sus madres, tres este mismo año. Estos niños no son daños colaterales, son víctimas de violencia y hay que llamarlo por su nombre. Y, además, esta violencia no se acaba necesariamente cuando una mujer decide marcharse. A veces es cuando el control cambia de forma: las visitas, las comunicaciones, las amenazas, o utilizando cualquier situación para seguir ejerciendo poder sobre esa mujer, y eso también es violencia, aunque no haya ni un golpe ni una agresión física directa. Por eso, es tan importante que las instituciones sean capaces de identificar estas situaciones y de actuar antes de que el riesgo se convierta en tragedia. Y con esto quiero ser muy clara: no basta con aprobar leyes si estas después no se aplican; no basta con reconocer la violencia vicaria si luego una mujer tiene que entrar en un juzgado y sentir que no se la oye, que se la cuestiona o que no se la ofrece la protección que necesita. Lo hemos vivido demasiadas veces y ha tenido demasiadas veces consecuencias devastadoras: jueces y juezas, como la señora Verdejo en Barcelona, por ejemplo, negando la protección e incluso el propio testimonio de madres e hijos de forma cruel y repetida. Por eso, también es importante que hablemos de la violencia institucional que existe en el ámbito judicial de este país. No podemos permitirnos que una mujer que ha sufrido violencia machista se encuentre con más y más violencia cuando decide pedir ayuda, cuando no se la escucha, cuando se pone en duda su relato, cuando se la hace repetir una y otra vez qué es lo que ha vivido y cuando no se tiene en cuenta el riesgo que sufren sus hijos. Las instituciones también nos están fallando, y cuando hay niños esta responsabilidad todavía es mayor. Un niño no tiene que cargar con las consecuencias de un sistema que no ha sabido proteger a su madre ni a sí mismo, igual que un niño no puede cargar toda su vida con unas secuelas psicológicas inmensas derivadas de haber sido testigo de cómo su padre daba una paliza a su mujer ante sus ojos, y eso es algo que tenemos que proteger y tiene que quedar recogido también en este proyecto de ley. Cuando una mujer pide ayuda, las instituciones no pueden limitarse a preguntar si lo que cuenta es lo suficientemente grave, tienen que actuar, tienen que protegerla y tienen que proteger a sus hijos. Y cuando hablamos de niños, de personas queridas o de animales de compañía llegar tarde puede tener consecuencias irreversibles para todos y todas ellas.»
Fragmento 4 de 5 de esta intervención.