José Vicente Marí BosóPP
Diputado
«Gracias, señor presidente. Señor Cuerpo, ha venido usted esta mañana a presentar el último fracaso de su política económica. En este epílogo de una legislatura inviable, que solo ha servido para la impunidad de la amnistía y para que ustedes persiguieran la impunidad de la corrupción generalizada de su Gobierno, viene usted a presentar el enésimo plan integral. Como ministro de Economía y vicepresidente, usted podrá decir que no ha presentado ningún presupuesto, que no ha aprobado ninguna ley, pero, eso sí, que se ha dedicado a los planes. Mire, como Franco, que se dedicaba a los planes de desarrollo y será mal recordado por ello; usted será mal recordado por los planes integrales. Para cada cosa ha tenido usted un plan. Han sido muchos planes que nos los ha ido exponiendo. Hace usted como el frutero que expone toda su mercancía: los plátanos, las manzanas, las chirimoyas... Usted hace igual: ¿qué plan quiere hoy?, ¿quiere usted un plan integral o no integral?, ¿lo quiere usted de respuesta rápida o a medio plazo?, ¿contra la crisis de aquí o contra la crisis de allá? Cada mañana usted pone su parada y nos expone el espejismo de miles de millones por aquí, miles de millones por allá, pero el plan más importante, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia es un fracaso absoluto de su gestión. Teníamos 160 000 millones y usted devolvió 60 000, pero los 100 000 restantes ¿para qué transformación nos han servido? Se lo digo yo: tenemos 100 000 millones perdidos en los vericuetos de sus modificaciones presupuestarias y en las transferencias entre organismos públicos, pero impacto, ninguno. Perdemos productividad en lugar de ganarla. Su política económica ha contado con 180 000 millones más de recaudación, 500 000 millones más de endeudamiento -nos han apalancado en medio billón más-, 100 000 millones más de fondos europeos, y no han servido para nada. Toda esta expansión de gasto público y los resultados son un crecimiento que no es transformador, no es inclusivo ni es sostenible. Nos dejan una economía de salarios bajos, precariedad intervenida hasta la extenuación, de inflación descontrolada y de productividad en negativo -decrecemos en productividad-. Sus pretendidos escudos sociales envían cada vez a más gente a la vulnerabilidad: hay más gente dependiente de prestaciones públicas -2,5 millones dependientes del ingreso mínimo vital y 3,5 millones dependientes de prestaciones por desempleo- y 2,5 millones de personas apenas tienen un salario mínimo, que no les alcanza a final de mes.»
Fragmento 1 de 5 de esta intervención.