Agustín Santos MaraverSumar
Diputado
«La guerra de Ucrania sigue poniendo a prueba a la Unión Europea. La agresión de Putin ha puesto en jaque la estabilidad de nuestro continente. Hemos apoyado el derecho de Ucrania a defenderse y denunciado la incalificable invasión de este país por parte de Rusia. Pero hoy, para terminar con esta guerra, necesitamos algo diferente a la escalada militar sin límites. Ante el estancamiento de la situación militar en una guerra de trincheras que tritura decena de miles de vidas humanas, necesitamos lograr por medios diplomáticos, tras un alto el fuego, los objetivos fijados por las resoluciones de Naciones Unidas, como ha pedido insistentemente el secretario general Guterres. (Rumores). Cuanto antes se consiga, antes será posible iniciar la reconstrucción de Ucrania y avanzar en el proceso de adhesión a la Unión Europea. En buena medida, el impulso a la ampliación debe entenderse en este contexto. La apertura del proceso de adhesión de Ucrania y Moldavia, aprobada en el último Consejo Europeo de la Presidencia, parecen la consecuencia natural de la solidaridad con el pueblo ucraniano. El impulso a la adhesión de los países de los Balcanes occidentales, más la toma en consideración de la candidatura de Georgia, implican asimismo garantías de seguridad y estabilidad europeas extendidas a todos ellos y debe facilitar el proceso de solución diplomática de la guerra de Ucrania. No obstante, el horizonte de la nueva ampliación sitúa en primer plano de nuevo las reformas institucionales y el modelo de construcción de la Unión Europea. La derecha reaccionaria desprecia cualquiera aspiración de gobernanza democrática de la Unión Europea después del fiasco de la Constitución Europea de 2005. Las políticas de austeridad que defienden no son compatibles con una democratización plena de las instituciones europeas. Ha marginado el método comunitario y reforzado la intergubernamentalidad y el veto mediante la unanimidad en el Consejo.»
Fragmento 4 de 7 de esta intervención.