Francesc-Marc Álvaro VidalERC
Diputado
«Presidenta, ministros, señorías, personas de las entidades y asociaciones vinculadas al sector, buenas tardes. Hoy procedemos a reformar en un aspecto la Constitución de 1978, y lo hacemos con una finalidad muy clara y concreta y sentida especialmente por la sociedad y por muchas entidades; compartida, como vemos, por la mayoría de grupos de esta Cámara. Nosotros -se lo adelanto-, el Grupo Republicano, vamos a votar a favor. Estamos hablando de un asunto que tiene que ver directamente con la dignidad de las personas. Estamos hablando de dignidad, igualdad, equidad, pero también estamos hablando de libertad; libertad en un sentido práctico y concreto pero a la vez profundo, de libertad realizada todos los días. Estamos hablando -se ha dicho, pero quisiera insistir en ello- de justicia, como corresponde a la sociedad del siglo XXI. Más allá de las incertidumbres que vivimos, no podemos olvidar la herencia humanista, ni la herencia ilustrada, a pesar del terrible legado del siglo XX. Justamente, porque tenemos en el retrovisor la historia sabemos que esta reforma, en su sentido más profundo, lo que hace es reforzar los derechos de las personas y el respeto que merece cualquier ser humano. Hablamos, por lo tanto, de cumplir los derechos humanos en su máxima potencia y de cómo hacer más robusta la vida colectiva basada en el civismo, en la empatía, en los cuidados compartidos y en la fraternidad. Sí, la fraternidad, una palabra que fundamenta el nacimiento de la vida moderna y que hoy debemos también incluir en este debate y ponerla sobre el tapete. Fraternidad con todos los gestos y todas las dimensiones de nuestra existencia. Dejaremos de hablar oficialmente de disminuidos, afortunadamente, y hablaremos de personas con discapacidad.»
Fragmento 5 de 8 de esta intervención.