Nahuel González LópezSumar
Diputado
«Este camino no ha sido fácil. Ochenta años de silencio y vergüenza -sí, vergüenza- no se rompen fácilmente. Y no fue porque no lo intentaran miles de familias que, sin respuesta de ninguna institución, llamaron a la puerta sin que nadie hiciera caso. Por esa valentía y la de muchas personas que siempre, con la dignidad intacta, defendieron los derechos humanos, hoy tenemos una ley de memoria democrática. Entre ellos, referentes del ahora, y muchos, que ya no están y que pisaron este estrado, y con orgullo digo: Dolores Ibárruri, Marcelino Camacho, Federica Montseny, Rafael Alberti y Julio Anguita, por ejemplo, entre otros muchos. Una ley que ha costado muertos, sí, gente que vivió enterrada en vida y mantuvo la memoria intacta para recordarnos que no debemos repetir las atrocidades del pasado. Así que no debemos perder tiempo. La aplicación de la ley no puede quedar en papel mojado. Nos cansamos de registrar preguntas parlamentarias desde el Grupo Parlamentario SUMAR por incumplimientos. Por eso, exigimos que la ley se aplique de inmediato para superar ya, de una vez por todas, este debate, señorías. Porque no es normal que la princesa Borbón haya jurado bajo un tapiz con el nombre de Franco. Imaginaros qué escándalo si en Alemania tuvieran una monarquía hereditaria y jurase bajo un cuadro de Adolf Hitler. Porque no es normal que existan personas de noventa años esperando enterrar a su padre o a su madre, como en mi tierra, en Valencia, donde yo mismo abracé a decenas de familias después de ver con mis ojos cuerpos ocultados y abandonados sin ninguna respuesta, y ahora el Partido Popular y VOX pretenden derogar toda la memoria democrática del pueblo valenciano. (Aplausos). Porque no es normal que en sitios en los que está el garante de la soberanía, que es el Ejército, existan monumentos y esculturas a genocidas. Sí, señorías, a genocidas. Lo que nosotros venimos a pedir, con la voluntad inequívoca de la mayoría, es que digamos sí a construir un futuro fraterno, moderno y avanzado en el que todos los jóvenes sepan que en una primavera de 1931 personas como ellos se ilusionaron con la posibilidad de una España avanzada a su época, donde las mujeres votaran, donde los agricultores y obreros tuvieran derechos, donde la libertad de amar no fuera objeto de vergüenza o pena; una sociedad donde los pueblos pudieran hablar sus lenguas y amaran su cultura, y que el pasado gris de los años de dictadura quede solo en un extraño recuerdo para nunca repetir. Avancemos, señorías, es el momento. Siempre lo fue y lo será. Apliquemos la ley.»
Fragmento 2 de 3 de esta intervención.