Francisco Sierra CaballeroSumar
Diputado
«Señora presidenta, señorías, 1930, La excepción y la regla. Quienes somos militantes del principio esperanza nunca renunciamos a la pedagogía democrática, así que me van a permitir, señorías de VOX, que les recomiende una lectura -esta mañana el ministro les insistía mucho en leer y yo creo que hace falta más lectura-: el drama didáctico del mismo título de Bertolt Brecht para observar el mundo con otros ojos y que desconfíen del acto más trivial o, en apariencia, sencillo; que examinen, sobre todo, lo que les parezca habitual. Les suplicamos expresamente que no acepten lo habitual como una cosa natural, pues en tiempos de desorden sangriento -como en Gaza-, de confusión organizada -como en la Argentina de Milei-, de arbitrariedad consciente de muchos magistrados, de humanidad deshumanizada nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar. Y no todo lo que ocurre en la justicia de este país es lo que debiera ocurrir, ciertamente, empezando por su propia composición. Un estudio realizado hace pocos años indicaba que las dos profesiones más endogámicas en España son la de los jueces y la de los profesores universitarios. Doy fe de ello. En la universidad, que un hijo de obrero, como es mi caso, llegue a catedrático es cosa improbable, apenas un 0,0001 %. Una excepción, estarán de acuerdo. La regla es la que es. Igual sucede con las mujeres, y por eso aprobamos una ley frente al techo de cristal, que en el Poder Judicial, hoy por hoy, es más que notorio. Sabemos que un alto porcentaje de la judicatura corresponde a las familias, que prácticamente heredan la carrera de padres a hijos. Los datos del propio Consejo General del Poder Judicial indican que solo uno de cada cuatro jueces en prácticas había trabajado antes de la oposición. Ante esa realidad, ¿qué hacer? ¿Qué independencia proponen? ¿De qué justicia hablamos? ¿De la de Estados Unidos, donde el señor Abascal se mira en el espejo de Trump? ¿Una justicia clasista, machista, racista, xenófoba, injusta y también ineficiente? ¿Una justicia que no se hace cargo del crimen de guerra contra José Couso? ¿La justicia del lawfare, que persiguió a las compañeras y compañeros de Podemos en una estrategia de acoso y derribo permanente? ¿De qué independencia judicial hablan? ¿De la que despliegan contra Ada Colau? ¿De la justicia que persigue a Julian Assange por denunciar crímenes de lesa humanidad o de la justicia británica, que lo mantiene en un penal de alta seguridad sufriendo aislamiento, como ha denunciado la propia relatora especial sobre la tortura de Naciones Unidas? (Aplausos). ¿La justicia de Ruiz de Lara? ¿De qué independencia hablan, señores de VOX? ¿La justicia de quien paga manda? Señorías, su reivindicación de la independencia es en realidad -lean el diccionario de la RAE- el eterno retorno de la pendencia. Es decir, ustedes han venido aquí a la contienda, a la riña, al altercado, a la bronca y a la reyerta. Solo hace falta leer el texto que presentan: una interpelación urgente con un lenguaje más propio de un spaghetti western que de una iniciativa parlamentaria. (Aplausos). Fíjense en sus palabras: desvergonzada, secuaces, brutal, pervertida, atentados, maltrato. Todo para defender la figura de sedición. Ya puestos, podrían pedir la de desacato porque España es diferente, según su visión política, y aspiran a seguir anclados en el pasado glorioso de su imaginario, el de la democracia orgánica, supongo, o algo semejante.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.