Eduard Pujol BonellJunts
Diputado
«Y no me pierdo, no. Para ser pedagógicos, mientras que en Madrid se levantaba el Teatro Real con el dinero del Estado, en Cataluña la sociedad construye el Liceo, con sus mecenas e impulsores, con sus propias manos. Y este detalle, que puede parecer menor, nos lleva al epicentro de la discusión de hoy, a la colaboración también entre la cosa pública y la iniciativa privada y la necesidad de hacerlo compatible; insisto, no es una anécdota, tampoco en la enseñanza artística es una anécdota. En Cataluña siempre nos hemos movido a partir de la fuerza de la sociedad civil, porque nunca hemos sido Estado, y estaría bien que hicieran un silencio los que son Estado. Por eso sabemos que el exceso de normas puede encasquillar cualquier tipo de iniciativa. Por eso, cuando se escribe una norma nueva precisamente hay que evitar estropear la capacidad de crear, la innovación, la capacidad de avanzar con los tiempos. La norma no puede perjudicar, y eso es lo que hemos intentado en esta ley de enseñanzas artísticas. Estamos hablando de la enseñanza de las artes, y es bueno, pero las enseñanzas artísticas no empiezan aquí a esta ahora, cuando hayamos hecho la votación. Las cosas, ¡oh, sorpresa!, no empiezan cuando lo decide este Congreso, este hemiciclo o la España política. En cada sector hay una vida previa, en cada sociedad hay una vida previa, al margen de la actividad legislativa y de lo que se diga en este Congreso. Y Cataluña, como nación, precisamente es prueba de ello. Somos nación, y lo somos al margen de lo que nos diga el Estado, de lo que se apruebe o no se apruebe en este hemiciclo. Esa también es la clave de todo ello y hoy es un buen día para recordarlo. Entenderlo o no, esa es la cuestión. Señoras y señores diputados, muchas gracias por su atención y que disfruten del día.»
Fragmento 7 de 7 de esta intervención.