Esther Gil de Reboleño LastortresSumar
Diputada
«Por eso, hoy vengo a explicarles una cosa muy sencilla, pero que a las mujeres nos ha costado mucho que algunos entiendan: el propósito fundamental del uso del lenguaje inclusivo es incluir, no excluir. El lenguaje inclusivo está en el centro del debate de nuestra sociedad desde hace años en España y en Europa, no es nada nuevo. En el Parlamento Europeo, allá por el año 2008, la finalidad del lenguaje no sexista era evitar opciones léxicas que puedan interpretarse como sesgadas, discriminatorias o degradantes al implicar que uno de los sexos es superior al otro. En el año 2019 el Consejo de Europa también incluía -y lo decía alto y claro- que la comunicación no estereotipada es una buena forma de educar, sensibilizar y prevenir comportamientos sexistas. En España muchas administraciones públicas, ministerios u órganos constitucionales ya han adoptado guías de lenguaje no sexista y han adaptado sus propias normas de funcionamiento. Fíjense, hasta el Consejo General del Poder Judicial ha emitido unas normas mínimas para evitar la discriminación de la mujer en el lenguaje administrativo. Paso a citarles textualmente: La importancia que tiene el lenguaje en la formación de la identidad social de las personas y en sus actitudes motiva la necesidad de erradicar el sexismo lingüístico del lenguaje administrativo, tanto en las relaciones internas como en las relaciones con la ciudadanía. Los usos sexistas del lenguaje hacen invisibles a las mujeres e impiden ver lo que se esconde detrás de las palabras. Les recomiendo encarecidamente su lectura, quizá los anime a desbloquear la renovación del Consejo General del Poder Judicial (aplausos), lo que entendería que su composición fuera eminentemente femenina o feminista, y estaban esperando justamente este momento para hacerlo así. Ahí se lo dejo para que puedan reflexionar sobre ello.»
Fragmento 2 de 6 de esta intervención.