Javier Sánchez SernaPodemos
Diputado
«Gracias, presidenta. Señor Puente, en algo vamos a estar de acuerdo esta mañana. Yo estoy de acuerdo con usted en llamar a las cosas por su nombre. A mí, como a usted, me parecen un escándalo los trapicheos del testaferro de la señora Ayuso; es más, yo voy más allá y lo llamo el novio de la muerte. Y lo llamo así, el novio de la muerte, porque aquí lo más grave, señorías, es que mientras que el clan Ayuso se llenaba los bolsillos con la venta de material sanitario, más de 5000 personas murieron después de ser abandonadas a su suerte en lo peor de una pandemia inmisericorde. No lo digo yo, son las conclusiones de la Comisión Ciudadana por la Verdad en las residenciad de Madrid. Miles de muertes -cito literalmente- podían haberse evitado con una prevención y una atención sanitaria adecuadas, y esa falta de prevención y atención fue la consecuencia de decisiones políticas y de gestiones discriminatorias respecto a la asignación y organización de los recursos sanitarios disponibles. Fueron las decisiones políticas de la señora Ayuso, en efecto, y fue el Gobierno de Ayuso el que apretó el gatillo, y eso nada lo va a cambiar, porque eso es lo que representa la señora Ayuso: el abandono de los mayores, la vergüenza y la muerte evitable de los más vulnerables. Y eso es lo que representa también Alberto González Amador: el ático, el Maserati, las mordidas del novio de la muerte. Sí, señorías, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Y si llamar a las cosas por su nombre les parece fuerte, piensen en esas personas a las que nadie les va a devolver la vida; piensen en los ancianos que fueron abandonados como perros sin recibir un trato digno después de matarse a trabajar toda una vida y piensen también en sus familias. Eso sí que es fuerte, eso sí que duele y no su indignación fingida.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.