Alberto Ibáñez MezquitaSumar
Diputado
«Ninguna, absolutamente ninguna de estas cifras va a hacer que nadie aquí hoy cambie de opinión. El debate no es de cifras, señorías. Entonces, ¿por qué no declaramos la emergencia habitacional? Le he dado muchas vueltas. He pensado que el maletín que nos regalan cuando entramos como diputados es reversible y algunos de ustedes lo utilizan como comerciales de Securitas Direct o de alguna gran inmobiliaria. (Aplausos). También he pensado que, en el fondo, terminamos asumiendo la opinión publicada, que no la opinión pública, que dice cosas tan graves, como, por ejemplo, en el programa que están emitiendo ahora de Ana Rosa Quintana, que mientras hablan de la boda del señor Almeida -por cierto, felicidades no solo a la pareja, sino a los diputados del PP que no fuisteis invitados a la boda, no tendréis que arrepentiros dentro de dos años como la de la señora Aznar- meten sutiles mensajes tan graves como los siguientes. Entrevistan a una pobre pensionista a la que le han okupado la casa mientras se va a por el pan, cuando la realidad es que solo el 1 % de los caseros son personas vulnerables y que en España -sé que no les importan los datos- existe 180 veces más de probabilidad que te desahucien a que te okupen la casa. (Aplausos). Luego, señorías, he pensado que quizá otro problema es cuántos caseros hay sentados aquí hoy. El triple. Los diputados y diputadas son tres veces más caseros que la gente que hay en la calle. Quizá también en esta Cámara hay un sesgo de clase. Por eso, es importante que entendamos que este debate no va de cifras, este debate va de dos cuestiones fundamentales. Por un lado, la igualdad material. Señorías, es imposible hoy en día emanciparse en España. Hoy en día es imposible que una mujer víctima de violencia de género pueda cuestionar romper con su agresor si no existe una alternativa habitacional. (Aplausos). Hablar de vivienda también es hablar de esto. Señorías, este debate también es un debate cultural. No habrá respuesta mientras pensemos que el derecho a poseer una vivienda, dos, cinco o veinticinco, es un derecho absoluto incuestionable, mientras que el derecho a acceder a una vivienda digna es solamente una posibilidad si las administraciones cumplen. Evidentemente, aquí colisionan derechos. Nosotros, aquellos que apoyamos un Gobierno progresista, debemos tener claro de qué lado estamos.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.