29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Juan José Aizcorbe TorraVox

Diputado

«¿Oís vuestras señorías en el Ágora, lo oís? ¿Escucháis la dictadura del lenguaje, señorías? Y es que los pobres lo tienen difícil, ¿verdad, señores de la izquierda? A los ganadores les preocupa ganar y a los perdedores les preocupan los ganadores. El lenguaje modifica el pensamiento, y ustedes son los grandes expertos. Hipócritas, pues hablan de acceso a la vivienda, como hemos visto, y esta es cada vez más inaccesible. Hipócritas que jalean nimios éxitos de una pacata reforma laboral, que ha encogido formalmente la atemporalidad, pero ha aumentado la precariedad y ha disminuido la productividad. (Aplausos). Hipócritas que dicen estar preocupados por la soledad de nuestros mayores en una especie de virtuosismo moral cuando en su anhelada construcción social están dispuestos a acabar con el fundamento y la base de la familia, arrinconando a los mayores a un embarcadero fuera del calor y del cariño familiar, huyendo incluso del sacrificio de las obligaciones de sangre. Les importa más la eutanasia que el acompañamiento, y lo han demostrado. Hipócritas, porque su propósito es dinamitar la resistencia de una sociedad sana, fuerte y solidaria, separando a los ciudadanos de aquellas realidades materiales y espirituales que son fuente de su fortaleza, como su familia, su patria, sus costumbres, sus tradiciones y, por qué no, hasta su trascendencia. (Aplausos). Hipócritas unos y otros, pues toda la sociedad, toda sociedad fuerte en valores debe intentar evitar el desarraigo moral y espiritual que ustedes fomentan en los propios, y que también fomentan a través de los ajenos, en los inmigrantes más necesitados mediante el efecto llamada, que está colmando de inmigración ilegal nuestras calles y nuestros barrios, degradándolos en perjuicio de los españoles más humildes y de una inmigración ordenada. Hipócritas, pues el Gobierno ha tenido que reconocer que la inmigración ilegal es una de las tres principales amenazas para la seguridad nacional; y se nos llama racistas a nosotros. Hipócritas por no analizar con rigor las causas económicas y políticas de las migraciones, al servicio de un modelo global, mercantilista y utilitarista. Hipócritas por ser cómplices de mafias que trafican con personas, que deben ser denunciadas y combatidas, así como el reproche a aquellas organizaciones bañadas en el almíbar de la falsa misericordia, incluso también algunas del entorno de la Iglesia, que han coadyuvado a ello a pesar de la buena fe. (Aplausos).»

Fragmento 2 de 3 de esta intervención.

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