Diputado
«En definitiva, lo que hemos visto hoy aquí es lo de siempre, un presidente que actúa en la sombra y que, al verse acorralado, pretende distraer, que por descontado no explica nada -a Marruecos le ha dedicado una línea- y que hace lo que puede, es decir, nada. Aun así, cumpliré con mi deber de trasladar la opinión del grupo mayoritario. Eso sí, le pedimos cuatro cosas. La primera, deje de utilizar la política exterior como cortafuegos de sus problemas internos. (Aplausos). Sabemos que está desesperado, que quiere ganar tiempo para salir del laberinto. Olvídelo, ni la amnistía -ahora ya hasta censuran ustedes a la mayoría de los fiscales de España- ni la corrupción ni el chantaje de sus socios ni el referéndum ni el empobrecimiento de los españoles, no vamos a obviar nada. Además, dese cuenta. ¿De verdad cree que alguien como usted, que practica la política más frágil y destructiva de la historia democrática española, está en condiciones de ofrecerse como garantía internacional de algo? Un mundo mejor no es posible con una España peor, que es lo que usted está dejando. Habla del radicalismo, pero les ha dado poder a todos los radicales que existen en España. Proclama el europeísmo, pero va usted contra los pilares del Tratado de la Unión, que son el Estado de derecho. Y la más insoportable de las hipocresías, ¿cómo puede venir aquí a dar lecciones de condena de la violencia habiendo convertido a Bildu en un pilar esencial de su Gobierno (aplausos.-Un señor diputado: ¡Muy bien!), sabiendo de dónde vienen, como dice el portavoz de su grupo. Por cierto, ¿sabe que las próximas elecciones en Euskadi seguirán marcadas por la ausencia de centenares de miles de vascos que se fueron huyendo de la violencia? ¿No? ¿Le merece eso alguna condena? ¿Ya no le parece necesaria? A mí, sí. (Aplausos).»
Fragmento 2 de 9 de esta intervención.