Juan José Aizcorbe TorraVox
Diputado
«Muchas gracias, señora presidenta. Vuestras señorías asistís una vez más a la irrupción del discurso hegeliano de Esquerra Republicana de Catalunya, que aparece enmarcado en una moción brevísima, consta tan solo de doce líneas, entre la exposición de motivos y la moción en sí. Pero la brevedad, que en numerosas ocasiones es buena o doblemente buena, no impide la eclosión de la contundencia del mensaje y de cualquier doctrina, sin perjuicio de que la misma sea errónea y perversa, como es el caso. La doctrina del independentismo catalán contemporáneo no acepta como bien moral la soberanía y la unidad nacional de España como patrimonio común, incapaz de discernir categorías morales externas a su voluntad autodeterminada a capricho, como dogma incuestionable y sin límites externos. No, lo que necesita Cataluña son mejores gestores y quienes sí merecen más dinero en sus bolsillos son los catalanes honrados, que son sometidos al expolio fiscal -a su expolio fiscal- del separatismo y del socialismo, con más de quince impuestos propios. (Aplausos). Cuantas más competencias o más dinero ha gestionado el separatismo, peor le ha ido a Cataluña, solo hace falta ver la decadencia de los últimos años. La financiación singular es, por su propia naturaleza, en un Estado de Derecho que asegure la igualdad ante la ley y la eliminación de barreras fiscales y privilegios, un cauce excepcional para responder a situaciones excepcionales y objetivas que merezcan una actuación singular. Pero, como dice nuestro secretario general y candidato en Cataluña, Ignacio Garriga, el separatismo no es una singularidad, sino que es una anomalía. (Aplausos). Pretender comparar lo que aportan distintas regiones, provincias o ciudades para, según esos parámetros, compensar las desigualdades sociales, además de injusto, es peligroso, porque no tributan los territorios, sino las personas, sean físicas o jurídicas.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.