Raúl Díaz MarínPSOE
Diputado
«Es verdad que la derecha nunca ha creído en las políticas memorialistas, pero de ahí a derogarlas es un paso que jamás antes se habían atrevido a dar, devolviendo al olvido a quienes aún no hemos terminado de sacar de las cunetas. Es injusto y es indigno que esto ocurra ochenta y ocho años después del inicio de la guerra de España. Señorías, este Pleno acordó por unanimidad de sus miembros en el año 2004 dignificar, reconocer y reparar a las víctimas de la guerra. Desde esa base España ha avanzado legislativamente en materia de memoria a lo largo y ancho del país, muchas veces con el concurso y gracias al apoyo del Partido Popular, bebiendo todos de un mismo principio inspirador: la garantía de no repetición, ahora puesta en cuestión por el segundo partido de la oposición. Normal que la Organización de Naciones Unidas les haya preguntado a estos gobiernos autonómicos cómo van a hacer para conjugar la derogación de las mal llamadas leyes de concordia con el deber y el derecho a buscar la verdad, la justicia y la reparación. Probablemente estos mandatos de la ONU no les convenzan hoy a ustedes -no en vano hace poco les dijeron básicamente que no sabían ni leer- y seguramente que mis argumentos -ni les cuento- poco van a ayudar a convencerles, pero, aun a riesgo de pecar de bisoñez, quiero volver a hacer una invitación a que, por favor, retiren ustedes esas leyes de la vergüenza, esas leyes de la discordia, porque son profundamente injustas, injustas para tantas personas, para tantas vidas, para tantos españoles inocentes que no pudieron defenderse en vida y que encima hoy alguno quiere seguir deshonrando su muerte. Así que, si todo lo anterior no funciona, me queda, señorías del Partido Popular, al menos apelar a que sean coherentes con ustedes mismos, a que hagan como hacen en Andalucía o en mi comunidad autónoma, en La Rioja, donde ustedes no derogan las leyes de memoria democrática. Y si tampoco les convencen sus propios argumentos, me temo que ya solamente me va a quedar desde esta tribuna implorar y apelar al espíritu de Alpedrete: mejor rectificar que arriesgarse a quedar como un auténtico zoquete. (Aplausos).»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.