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29N · faltan 25 días

Íñigo Errejón GalvánSumar

Diputado

«Señor presidente, con todo, a nosotros nos parece que esto es lo fundamental; sin embargo, no es el tema de mayor actualidad, hay otros temas que han ocupado más actualidad. Hay una maravillosa novela de Éric Vuillard llamada El orden del día, en la que, apenas narrando una reunión, se nos muestra de manera magistral la complicidad de los grandes industriales alemanes con el ascenso del totalitarismo hace un siglo, un poco avergonzados de tener que apoyar a un tipo un poco extravagante, pero confiados en poder manejarle y enamorados de sus promesas en tiempos de inestabilidad, de disciplinar a la plebe y de acabar con cualquier veleidad igualitarista o de justicia social. De la visita de Javier Milei a España lo más grave no han sido sus salidas de tono, no han sido sus insultos para tapar la dramática situación social y económica en la que está dejando a su país, ni siquiera ha sido lo más grave la equidistancia de un Partido Popular cada vez más presa de unos cuervos a los que alimenta pero que van a por sus ojos; a nuestro juicio, lo más grave de la visita de Javier Milei a España ha sido su foto sonriente con los altos representantes de la oligarquía española. Eso ha sido lo más grave. Nos parece que esa foto marca un peligroso hito de época, que esas sonrisas quizás están mostrando una basculación histórica, quizás la convicción de los más ricos de que el actual modelo económico depredador ya está chocando con los límites físicos de las personas, con unos cuerpos extenuados y al límite; que el actual modelo económico depredador ya está chocando con los límites psíquicos de unas sociedades atravesadas por la ansiedad, por la depresión, por los suicidios por no poder más, y que el actual modelo depredador ya está chocando con los límites biofísicos de un planeta que da signos de agotamiento. Por tanto, para mantener este modelo neoliberal depredador y para mantener la acumulación para unos pocos cada vez hacen falta más sacrificios. En consecuencia, es posible que las democracias liberales tal y como las conocemos tengan que ser reducidas a competiciones electorales, derechos para los propietarios y precariedad existencial para la mayoría. Conviene no olvidar, y en España lo sabemos bien, que las oligarquías están siempre a un susto y a dos pasos de preferir un testaferro de mano dura que instaure la libertad para el dinero y el miedo para los pueblos. (Aplausos).»

Fragmento 6 de 9 de esta intervención.

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