29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Íñigo Errejón GalvánSumar

Diputado

«Señor Sánchez, señor presidente, en una comparecencia suya de hace aproximadamente cinco meses dijimos aquí, en esta misma tribuna, que la distribución del poder y de la riqueza en España es tan abrumadoramente desigual que afecta al pluralismo político. Porque resulta que cuando hay Gobiernos progresistas, estos tienen un 20 % del poder, rodeado de un 80 % de poderes de veto y de tutela conservadores -en la sociedad civil, en la economía y en el Estado-, mientras que cuando hay Gobiernos de derechas, estos cuentan con todos los poderes económicos y aparatos estatales alineados y remando a favor. Esto lo dijimos hace cinco meses y es posible que a algunos aquella expresión les pareciera exagerada. Después de 4 meses, hace un mes, en su siguiente comparecencia, dijimos literalmente que para que el más tibio reformismo sea posible en España hay que corregir esa brutal asimetría de poder; que en las pasadas elecciones generales habíamos ganado tiempo, pero que ese tiempo y esa mayoría había que usarla para salir de la permanente posición defensiva o que lo acabaríamos pagando, y que eso pasaba por una agenda ambiciosa y valiente de democratización del Estado, de democratización de la economía, de construir más poder para quienes menos tienen a costa de reducir los privilegios de quienes más tienen. Dijimos también que no bastaba con ganar elecciones; que sin transformar, siempre estaríamos condenados a gobernar como inquilinos en un Estado de otros, en una casa ajena en la que los dueños nos permitían cambiar la decoración a costa de no hacer ninguna reforma estructural, que para eso la casa es suya. Es posible que entonces estas afirmaciones a algunos les parecieran una inflamada retórica izquierdista. Pues pocas semanas después, el presidente del Gobierno -usted, señor Sánchez- anunciaba que se tomaba cinco días de reflexión para valorar si podía continuar, si le merecía la pena pese al hostigamiento de unos sectores conservadores que están dispuestos a todo cuando las urnas no les dan la razón. Nosotros lo señalamos varias veces en esta Cámara. En honor a la verdad, hay que decir que el acoso de los poderes que no se someten a las urnas contra quienes les resultan incómodos no empezó entonces y no empezó con usted, señor presidente, les venía décadas pasando a sindicalistas y a movimientos sociales, a independentistas o a la izquierda extraparlamentaria. Lo conocemos muy bien, de cerca, en primera persona, en primerísima persona. Le ha pasado a mucha gente en esta Cámara. Les había pasado a Pablo Iglesias e Irene Montero, le había pasado a Ada Colau, le había pasado a Mónica Oltra. (Aplausos). Con todo, ese hostigamiento esta vez llegaba a las puertas de la Moncloa y sus cinco días de reflexión abrieron un debate general en España -ya no solo entre círculos muy politizados-, abrieron una pregunta a la vista de todos los españoles. Para nosotros se reveló un límite estructural del sistema político español. La concentración de poder tras décadas de oligarquización dejaba encima de la mesa la pregunta: ¿Tenemos derecho las izquierdas a gobernar en España ejerciendo como tales? ¿Nosotros podemos gobernar si las urnas nos dan la razón o tenemos que estar todo el rato pidiendo perdón y pidiendo permiso, no vaya a ser que molestemos a los dueños reales del poder? (Aplausos). Esa es la pregunta fundamental que se ha abierto en nuestro país. Y tras aquellos días excepcionales sabemos la respuesta: o seguimos cediendo hasta desilusionar a todos los que nos votaron o plantamos cara y defendemos un ciclo de transformaciones que sustituyan el capricho de unos pocos por la dignidad de la mayoría trabajadora. Usted ha dicho, y nosotros lo compartimos, que el Gobierno progresista tiene que tener autonomía política, pero lo cierto es que no la tiene. Para tenerla hay que democratizar el Estado; para tenerla hay que democratizar la economía; para tenerla hay que abrir un ciclo de transformaciones. (Aplausos). Fíjese usted que peor no nos van a tratar. Peor, no nos van a tratar. Es verdaderamente asombroso cómo la derecha trata a este Gobierno como si fuéramos -ya nos gustaría- un Gobierno revolucionario. Ante la más tímida de las reformas que emprendemos nos tratan con una absoluta contundencia, como si estuviéramos trastocando todos los límites de la convivencia. Esto no es una casualidad, es un poder disciplinario destinado a educar, a ir corriendo el baremo hasta el punto tal que nuestra existencia parezca radicalismo y la mayor de sus barbaridades la acabemos por normalizar. Sabemos que los poderosos en España no le perdonan los acuerdos con catalanes y vascos, no le perdonan que gobierne con nosotros y puedo imaginar, quizás, que haya sectores en su partido que añoren un regreso a los buenos tiempos de los 'acuerdos de Estado' con el Partido Popular, pero esta supuesta moderación es en realidad ceguera y miedo a la bifurcación histórica en la que estamos. ¿Cuántos líderes que venían a ser moderados tienen que pasar por Génova para que nos demos cuenta de que aquel Partido Popular no existe, que no hay tal Partido Popular y que no hay tampoco consenso de 1978 al que regresar? Estamos nosotros; estamos nosotros y nuestra disposición a rehacer un contrato social roto por la concentración de poder y riqueza de los privilegiados. Estamos nosotras y nosotros y nuestra determinación de ir hasta el final o bien ceder, portarse bien y esperar la alternancia, siempre pidiendo permiso. Hemos dicho que todo será inestable hasta que haya un nuevo equilibrio de fuerzas, hasta que reconstruyamos un contrato social justo que frene los intentos de involución democrática y social de las derechas, y esa contienda no se esquiva, esa bifurcación histórica que tenemos ante nosotros no se esquiva. A esa disputa histórica hay que comparecer, pero no llamando a una reflexión colectiva ni llamando a bajar el tono -y mire que yo lo digo siempre con mucha tranquilidad-, a esa disputa histórica hay que comparecer recuperando la iniciativa, porque de esta salimos o con dos pasos adelante o con diez pasos atrás. Usted, señor Sánchez -acabo, señora presidenta-, anunció tras su regreso un punto y aparte; un punto y aparte necesario, pero no anunció ninguna medida, ninguna. Eso, nosotros creemos que es un error, que envalentona a los reaccionarios y desmoraliza a los demócratas. Desde entonces, SUMAR ha desplegado una hiperactividad en las propuestas para llenar de contenido ese punto y aparte; semana a semana. En la agenda democrática: derogar la ley mordaza, cambiar las condiciones de acceso a las altas magistraturas del Estado para que se llegue con diferente procedencia, territorial y de clase (aplausos); dotarnos de herramientas para renovar el Consejo General del Poder Judicial. Yo no me puedo creer que usted siga confiando en que estos señores de aquí en algún momento van a ceder en relación con un Consejo General del Poder Judicial que tienen secuestrado. (Aplausos). Hay que dotarse de las herramientas para transformarlo, con ellos o sin ellos. Y en cuanto a la agenda social: reducir la jornada laboral sin reducir salarios para liberar tiempo y autonomía para quienes la vida solo es agobio, extender los permisos de crianza y la prestación universal -universal- por hijo a cargo, comenzar a revertir las privatizaciones de la sanidad (aplausos), multiplicar la construcción de vivienda pública y regular los alquileres, democratizar las decisiones económicas, fortalecer el poder contractual y negociador de los trabajadores para revitalizar los salarios, realizar una reforma fiscal justa que garantice que los derechos de aquellos a los que les faltan los pagan aquellos a los que les sobran. Esto es, para nosotros, salir de la subalternidad en el Estado, plantar cara y marcar el rumbo; redistribuir el poder, mejorar la vida y segar, por tanto, la hierba bajo los pies de los adalides del egoísmo y el odio.»

Fragmento 8 de 9 de esta intervención.

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