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29N · faltan 24 días

Txema Guijarro GarcíaSumar

Diputado

«Señorías, es ahora cuando cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Hasta qué punto la OTAN ha sido un facilitador o, por el contrario, un lastre para construir una política de defensa genuinamente europea? Confío en que cada vez más esta pregunta aflore y percute sobre las cabezas de los gobernantes europeos. Y cuanto más pongamos en circulación esta pregunta, más nos daremos cuenta de en qué medida la OTAN es hoy un serio problema para alcanzar aquello que en muchos foros se empieza ya a convertir en una letanía, pero que pocos terminan de desarrollar: aquello de la autonomía estratégica. ¿Se ha deteriorado el clima de seguridad en nuestro continente a lo largo de los últimos años? Desde luego. Cabe por tanto replantear en profundidad esa política de seguridad y de defensa común. Pero, señorías, un país como el nuestro, que aún afronta niveles de pobreza y de desigualdad insoportables, que tiene pendiente una transición ecológica de gran envergadura, que aún se encuentra tibio para afrontar la necesaria reforma fiscal capaz de dotar de recursos suficientes al Estado, un país, en definitiva, como España, está moralmente obligado a hacerse algunas preguntas adicionales antes de dejarse arrastrar por un cierto furor epocal. (Aplausos). La primera de ellas, señorías, es, ¿acaso hemos financiado a nuestros ejércitos por debajo de lo razonable, como repiten una y mil veces los lobistas tanto de Bruselas como de Washington? Resulta que el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo nos advierte, con datos del año 2022, que la Europa de los 27 invierte en defensa aproximadamente 2,5 veces lo que invierte la Federación Rusa y, aproximadamente, lo mismo que invierte en la República Popular China, los dos grandes referentes acusados de haber disparado el gasto militar global en la última década. Por cierto, el gasto sumado de estos dos grandes gigantes no llega ni a la mitad de lo que gasta Estados Unidos, ¿verdad? Pero después de cotejar estos datos difundidos por una organización reconocida y de alto prestigio, todos deberíamos estar obligados al menos a apaciguar ese furor al que me refería. Porque, señorías, la disyuntiva es esta, simple y llanamente: o bien Europa elige buscar su propio camino, priorizando la resolución pacífica de las diferencias, en el marco de una doctrina militar propia, eficaz, pero estrictamente defensiva (aplausos) o bien continuamos alimentando el aparato industrial norteamericano a costa, por cierto, de nuestra propia seguridad. Muchas gracias. (Aplausos).»

Fragmento 3 de 3 de esta intervención.

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