29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Esteban González PonsPP

Diputado

«Señorías, las crisis de las democracias siempre comienzan con una crisis de sus instituciones. Tal y como nos enseña la historia, una democracia naufraga cuando quienes tienen el deber moral y legal de proteger las instituciones comunes abusan del poder. En estos tiempos de polarización, pensamiento único e iliberalismo, los demócratas deberíamos aferrarnos con más fuerza a las instituciones constitucionales y hacer lo posible por fortalecerlas, pues son las instituciones la salvaguarda de la democracia. Pero, por desgracia, ocurre justo lo contrario. Bien sea porque el propio Gobierno se ha instalado en el iliberalismo de izquierdas, bien sea porque su debilidad lo deja a merced de sus socios más extremistas, el caso es que, en el momento histórico más complejo para las democracias europeas desde la Segunda Guerra Mundial, nuestras instituciones cada vez se encuentran más contaminadas y enmudecidas. Uno de los casos de degradación institucional más graves es el del Congreso de los Diputados en relación con la política exterior de España. Los medios de comunicación y los partidos políticos parece que hayamos aceptado como verdad que la dirección de la política exterior es responsabilidad del presidente del Gobierno, el cual puede ejercerla sin consultar al Congreso y aunque su gabinete no la comparta, y se trata de una mentira gigante. (Aplausos). El artículo 97 de la Constitución dice de forma clarísima que el Gobierno dirige la política exterior, el Gobierno, no el presidente, que, como recoge el artículo 98.2, dirige y coordina al Gobierno, que es un órgano colegiado, pero no sustituye al Gobierno en funciones como la dirección de la política exterior. Esa función la tiene atribuida el conjunto del Gobierno y no el presidente. Piénsenlo. ¿Por qué iba a tener el presidente atribuida la responsabilidad de la política exterior y no la responsabilidad de la política interior? Eso sucede en los sistemas presidencialistas, pero el nuestro no lo es, nuestro presidente no es rey y ni siquiera representa a la fuerza más votada en las últimas elecciones, como ocurre en los sistemas presidencialistas de separación absoluta de poderes. Pero es que, además, el presidente Sánchez ha adoptado la viciosa costumbre de tampoco consultar al Parlamento en sus bandazos de política exterior.»

Fragmento 1 de 7 de esta intervención.

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