Rafael Cofiño FernándezSumar
Diputado
«Yo vengo de Asturias, y en Asturias se intenta facer un esfuerzo grande por mellorar la situación de la atención primaria. Algo muy importante para reforzarla es conocerla bien, y lo voy a contar de una forma muy sencilla y rápida. La atención primaria lleva un equipo de personas traballando en un centro de salud con mucha presión asistencial. A punto de terminar la mañana, llaman para hacer un domicilio y la enfermera o la médica familiar y comunitaria, la traballadora social saldrá a hacer el domicilio. Todos eles conocen perfectamente ese barrio o ese pueblo, porque pongamos que lleven más de catorce años traballando en esa zona, en ese centro de salud. No sé si lo saben, pero un estudio noruego publicado el año pasado demostró que tener durante más de quince años la misma médica de familia disminuye los ingresos hospitalarios y la mortalidad en un 30 %. Repito, tener la misma médica más de quince años disminuye los ingresos y la mortalidad en un 30 %. ¿Por qué? Porque o nosa médica e a nosa enfermeira caminen conociendo el barrio y la gente del barrio. Son capaces de observar los cambios y el crecimiento que tienen los barrios de La Calzada, Pumarín, Natahoyo, Raval, Trevías o el barrio de San Pablo, en Zaragoza. (Aplausos). Y respecto de aquello que la extrema derecha señala como invasión multicultural, eles, y no solamente eles, sino sus sociedades científicas, de medicina familiar y comunitaria, enfermería familiar y comunitaria de traballo social no hablan de invasión multicultural o de términos apocalípticos, sino de riqueza, oportunidad, crecimiento, diversidad, cultura y activos para la salud. (Aplausos). Auscultan el barrio, toman el pulso al barrio, pasean por las calles del barrio auscultando los parques, conociendo cuánta gente moza está en paro, si crecieron las casas de apuestas o cómo está el comercio, si sería posible comprar alimentación sana en el barrio o por dónde se podría salir a dar un paseo en caso de que se recomendase dar paseos. Suben la escalera, porque todavía hay casas en el barrio que no tienen ascensor, y llegan a la puerta de María Teresa a hacer el domicilio. Les recibe la hija, que es su cuidadora principal. Mientras entran en la habitación, hacen todos los diagnósticos diferenciales, porque les han llamado por un aumento de la fatiga. Se sientan tranquilas al lado de su cama y, mientras empiezan a preguntar cómo se encuentra María Teresa, observan si tiene más fatiga, si tiene palidez, cómo es su respiración o si tiene las piernas hinchadas. Mientras hacen todo esto, están pensando en las mejores evidencias disponibles por si tienen que cambiar el tratamiento porque tiene una insuficiencia cardíaca congestiva. Mientras hacen todo esto, están mirando las fotos que tiene María Teresa en su habitación, porque tiene dos nietos nuevos -conoce ya a los anteriores- y preguntan cómo se llaman. Mientras están pensando si van a llamar a medicina interna para ver cómo manejar la insuficiencia cardíaca congestiva, preguntan a la hija si descansa, si se cuida, cómo va al baño o cómo está la cama, y también le preguntan a la filla, que es la cuidadora principal, si ella descansa y cómo come, porque está cansada. Y a la médica y la enfermera, mientras hacen esas preguntas, se les va la cabeza un momentín y también piensan si ellas, como profesionales, se cuidan y descansan, porque hay una pregunta fundamental para todas as mulleres de este país, y no es si tienen habitación propia, sino si tienen tiempo propio para poder cuidarse. (Aplausos). Dan indicaciones, la cuidan, la miman, la aconsejan, se despiden con mucho cariño y con mucha paciencia y pasan al baño, ese momento tan guapo en que quieren tener la toalla limpia preparada para poder secarse las manos y marchan corriendo al centro de salud porque todavía les queda mucha consulta que pasar, les queda un trabajo duro en un sistema sanitario que nunca hemos cuidado tan bien como lo tendríamos que cuidar.»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.