Diputado
«Señorías, yo intentaré ser provocador. Espero que a nadie le extrañe, pero es para ilustrar una idea. Yo odio y además odio eternamente. Yo odio eternamente el racismo. Yo odio eternamente el fascismo. Yo odio eternamente el machismo, la homofobia, la transfobia, la gordofobia. Yo odio eternamente la cobardía de aquellos que, frente a la injusticia o el abuso, miran hacia el suelo o hacia el techo pensando que así no les va a tocar a ellos. Yo odio al explotador que te culpa. Yo ya sé que esto suena mal y que incómoda: ha dicho que odia. Si no les gusta el término odiar, llámenlo, llamémoslo detestar, porque suena mejor. Yo detesto el racismo. Llámenlo conciencia de clase. Creo humildemente que es una obligación moral, hoy más que nunca, tenerla. Yo odio, perdón, detesto al indiferente, la indiferencia. Creo firmemente que muchas de las cosas que están pasando no son culpa tanto de los fascistas, sino de los indiferentes. Creo que el que en este país defender derechos humanos comporte que, según quien, te llame terrorista -por ejemplo, decir que está mal matar de hambre a los niños o que bombardear a los niños en Gaza está mal-, que te llamen terrorista, creo que es culpa del indiferente, del que dice ni unos, ni otros; yo no sé, yo no opino, yo no me meto. Creo que es responsabilidad de los indiferentes y de la indiferencia que hoy, en este país y en el mundo entero, para mucha gente sea muchísimo peor quemar un contenedor que quemar a gente en un bombardeo. Firmemente creo que es culpa del indiferente y de la indiferencia. Por cierto, creo que todos aquellos y todas aquellas que tenemos cierta relevancia social por lo que sea, deberíamos transmitir valores democráticos. No hace falta ser de izquierdas o de derechas. Yo también creo firmemente que se puede ser de derechas y decente. Lo malo de este país es que hay muy poquita derecha decente que combata el fascismo; de hecho, lo imitan. Pero hay muchísima gente que podría transmitir, según su valor y su representatividad social, valores. Por cierto, mucho más Ana Peleteiro que Unai Simón.»
Fragmento 1 de 2 de esta intervención.