Gerardo Pisarello PradosSumar
Diputado
«Por eso insultan, embisten, llaman traidor o hijo de fruta al presidente del Gobierno o envían fascistas acosar a Pablo Iglesias e Irene Montero en la puerta de unos juzgados o despliegan su cancionero de los zurdos, los bilduetarras o los tucumanos montoneros a ver si nos hacen callar, pero no lo van a conseguir. Porque aunque aúllen, como aulló Millán-Astray queriendo callar a don Miguel de Unamuno, no lo van a conseguir, porque sabemos que el problema de fondo no somos nosotros, sino las personas de fuera a las que el fascismo señala y violenta mientras se llena la cartera. (Aplausos). Son las trabajadoras y los trabajadores migrantes, como aquel joven de Jaén al que no olvidamos y al que un terrateniente de VOX abandono muerto junto a un centro de salud luego de exprimirlo bajo el sol; son las y los jóvenes del sindicato de inquilinos de Canarias a los que unos matones a sueldo de la patronal inmobiliaria les quemaron cobardemente la sede. (Aplausos). Y frente a esto, señorías, sería bueno que la mayoría democrática de esta Cámara entendiera, como decía Bertolt Brecht, que no podemos quejarnos del fascismo de la ultraderecha si no plantamos cara al corrupto capitalismo rentista que los está generando. Por eso, acabar con el secuestro del Consejo General del Poder Judicial podría ser una buena noticia, pero no puede implicar la restauración conservadora del viejo partidismo. Tiene que servir para democratizar y para revertir el sesgo clasista de una justicia implacable con las pequeñas sardinas, pero muy condescendiente con los grandes tiburones.»
Fragmento 2 de 3 de esta intervención.