Teresa Ribera RodríguezPSOE
Vicepresidenta Tercera del Gobierno y Ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico
«Muchas gracias, presidente. Muy buenos días y muchas gracias, señorías, por esta invitación a comparecer para hacer balance sobre las políticas y actuaciones llevadas a cabo en el Ministerio para la Transición Ecológica desde junio de 2018, un periodo en el que el compromiso del Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha estado con las personas, de qué manera impulsar una respuesta sólida a los desafíos ambientales y energéticos que enfrentamos, a los desequilibrios existentes entre la población urbana y rural buscando generar oportunidades, reducir desigualdad y modernizar nuestro tejido productivo. Lo cierto es que en 2018 encontramos, yo diría, una fotografía en blanco y negro. El Gobierno anterior había renunciado a tomarse en serio la lucha contra el cambio climático, había apostado por modelos energéticos del pasado, caros, sucios e ineficientes, y había ignorado una cuestión tan importante, que sí tenía identificada, como la lucha contra la despoblación. Y el resultado es que en 2018 las medidas económicas y sociales nunca integraban políticas ambientales, generando, por tanto, un marco incoherente; la política hídrica era una política ajena a la existencia del cambio climático y sus efectos, obligada a soportar condenas de los tribunales, incertidumbre con respecto a la disponibilidad de agua o aguantando contaminación en acuíferos y violentando la normativa de la Unión Europea o incluso la legalidad nacional; ámbitos clave como la lucha contra la deforestación, la erosión del suelo o la protección de la biodiversidad se abordaban de manera anecdótica y no de forma sistemática cuando nuestro país no solamente es rico en biodiversidad, sino que es extraordinariamente vulnerable, y sectores tan importantes como el sector primario, que aporta una muy buena parte al producto interior bruto, dependen enormemente de las buenas condiciones de los ecosistemas y del suelo. En energía se forzaba la permanencia del carbón, se frenaban las renovables, se abandonaba a la gente que dependía de lo uno o de lo otro, y heredamos un terrible legado de desconfianza y litigiosidad que aún hoy sigue vigente. Tribunales y cortes de arbitraje nos condenaban, la inversión se retraía y teníamos un enorme retraso en la trasposición de las directivas y ni una sola línea escrita del borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima que debíamos entregar en el mismo 2018. No existía acompañamiento alguno en favor de quienes resultaban afectados por la proximidad del cierre obligatorio del carbón y se había abandonado a las comarcas dependientes de la central nuclear de Garoña.»
Fragmento 1 de 27 de esta intervención.