Diputado
«Muy buenos días a todos. Situémonos: septiembre de 2014. Declaraciones en una entrevista en televisión: Ni antes ni después el Partido Socialista va a pactar con el populismo; el final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y, sobre todo, la desigualdad. Diez años después parece increíble pensar que aquellas palabras fueron pronunciadas por la misma persona que hoy ejerce la Presidencia del Gobierno de España. Tendríamos que aceptar aquel complejo teorema ontológico de Carmen Calvo de que el presidente antes de ser presidente era otro ser, porque hoy en día no solo es que Pedro Sánchez haya pactado antes y después con el populismo o con varios populismos, es que se ha convertido a sí mismo y ha convertido a su partido en los máximos exponentes del discurso populista, y si por algo se ha caracterizado el populismo, ha sido por detestar más que nada los contrapoderes. Hace diez años los discursos políticos que enfrentaban la voluntad popular con las instituciones estaban fuera del Gobierno. Hace cinco años llegaron al Gobierno como parte minoritaria de él, y hoy los encabeza la Presidencia y los comparte el Gobierno en su conjunto. Esa aspiración de una democracia plebiscitaria con un poder sin cortapisas y sin limitaciones nació en Podemos, pero hoy está en Sánchez. Esa concepción populista donde el voto de la mayoría está por encima de cualquier marco legal, de cualquier contrapeso institucional y de cualquier control jurisdiccional nació con el procés, pero hoy está en Sánchez. Por eso, en estos últimos años hemos visto cosas que no habíamos visto nunca en nuestro país. Nunca un Gobierno de España había propuesto como fiscal general del Estado a una exministra en el mismo día de su cese; nunca un Gobierno de España había designado como magistrados del Tribunal Constitucional a dos ex altos cargos de ese mismo gobierno; nunca un Gobierno de España había nombrado para presidir el CIS a un miembro de la ejecutiva del partido gobernante; nunca un Gobierno de España había propuesto como director de la Agencia EFE a su propio jefe de prensa; nunca un Gobierno de España había modificado el Código Penal para rebajar específicamente los delitos cometidos por sus socios de investidura, y, por supuesto, nunca un Gobierno de España había promovido una ley para intercambiar impunidad por poder. (Aplausos).»
Fragmento 1 de 6 de esta intervención.