Íñigo Errejón GalvánSumar
Diputado
«Y, fíjense, aquí hay una cuestión que a mí me parece fundamental: democratizar el Estado no es una pugna entre partidos. Esto no es una discusión entre políticos, ni siquiera es una discusión entre políticos y medios de comunicación, es una disputa por el grado de autonomía y fuerza que tenga la sociedad. Porque nosotros queremos sociedades libres y fuertes, libres para manifestarse sin ser reprimidos, libres para asociarse sin ser infiltrados o vigilados, libres para criticar a cualquiera de los poderes o a los poderosos, libres para plantar cara a las injusticias, libres para recibir información veraz y contrastada o para montar un medio de comunicación sin la necesidad del favor de los amos del dinero o de sus amigos, pero también sociedades fuertes en las que cualquiera, haya nacido en cuna humilde o privilegiada, pueda llegar a las altas magistraturas del Estado y hacer que estas se parezcan así un poquito más al país real. Sociedades fuertes en las que la esperanza de vida no dependa de tu código postal; sociedades fuertes en las que la gente tenga más tiempo libre para descansar, para informarse, para estudiar, para defender sus derechos, en definitiva, para ser ciudadanos y ciudadanas; sociedades fuertes para tener vidas más libres e guales. Para eso hacen falta los contrapoderes, claro que el poder de controlar a los poderes públicos, pero también el poder de controlar a los poderes privados, mucho más grandes (aplausos), y someterles al interés colectivo; y por encima de todos, el poder de 'los cualquiera' para organizarse, para defender sus derechos, para tener autonomía y fuerza para defender lo que en la vida merece la pena: los vínculos, la tierra, la solidaridad y la alegría.»
Fragmento 5 de 12 de esta intervención.