Diputado
«Muchas gracias, señor presidente. Algunas iniciativas legislativas nacen para resolver problemas ciertos y mejorar la vida de los ciudadanos. Otras, aparecen para atender compromisos adquiridos en cambalaches políticos, apuntalar mayorías inestables y revestir de interés general lo que responde en realidad a las necesidades de supervivencia parlamentaria. La proposición que hoy debatimos pertenece con claridad a esta segunda categoría. Se nos presenta la creación de un consorcio de inversiones entre el Estado y la Generalitat, como si estuviéramos ante una gran novedad institucional, destinada a corregir retrasos históricos y deficiencias de ejecución. Conviene, sin embargo, situar las cosas en su lugar. Esta proposición no nace de una reflexión técnica sincera, sobrevenida ni de una súbita conversión a la eficacia administrativa. Forma parte de acuerdos que hicieron presidente de la Generalitat a Salvador Illa, con el respaldo de Esquerra Republicana de Catalunya. Es una pieza del precio político de aquella investidura. Y cuando una institución nace como moneda de cambio, suele arrastrar ese origen ilegítimo durante mucho tiempo. Esquerra Republicana de Catalunya, convertido ya en aplicado portavoz del socialismo español, intenta presentar esta propuesta como avance de soberanía. Resulta llamativo llamar soberanía a un organismo financiado de forma principal por la Administración General del Estado y encajado en el marco jurídico del propio Estado al que dicen combatir. Llaman conquista a lo que depende del dinero ajeno y emancipación a lo que exige autorización de Madrid. A estas alturas, más que independentismo, algunos practican una Administración profesional del agravio continuo. (Aplausos).»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.