Diputado
«Sorprende que las instituciones que más responsabilidad tienen a priori en la protección de los ecosistemas y sus especies -las ONG, el parque natural, parte de la comunidad científica y ecologistas de diverso pelaje- son quienes se oponen a toda actuación en la línea de la costa por sus teóricos criterios ecológicos, cuando saben que, de no actuar, se producirá la total desaparición de estos espacios naturales que pretenden defender y, con su inacción habitual -inacción-, el deseo de devolver al Delta de l'Ebre al siglo XVII, sin la platga del Trabucador, sin la isla de Buda, sin humedales de agua dulce, sin gente y plagado de insectos calamidades, leyendas y enfermedades. Hay instituciones que pregonan como única solución la posible gestión de los sedimentos retenidos en Mequinenza, conocedores del alto coste y de la ineficacia de esa pretensión a priori, habida cuenta de la incógnita de si bajaran sedimentos por el río Ebro, cuáles, y, de hacerlo, posiblemente tarde e insuficientemente. Es un verdadero suicidio, según los expertos, para un delta único e incomparable, incumpliendo las directivas europeas de hábitats, aves y marco de agua, así como el Convenio de Ramsar, dirigido a la protección de los humedales, teniendo además la obligación moral y legal de evitar tal pérdida. El delta debe ser prioritario porque es la segunda zona reserva natural más importante de España. El delta es único por su valor patrimonial, por su riqueza en biodiversidad y por las personas que viven en el territorio con todo lo que conlleva, y ustedes, señores de Junts, durante más de treinta años no han hecho nada.»
Fragmento 2 de 3 de esta intervención.